-En un primer momento, los trabajos del doctor Andrés Carrasco sobre los efectos de la exposición a los agroquímicos eran objetados por la comunidad científica. ¿Cuánto cambió desde entonces hasta estos tiempos?
-Con el trabajo de Carrasco ocurrieron dos cosas: primero, que él dio una mala noticia, y dar una mala noticia en ciencia casi siempre es problemático. ¿Por qué?, porque detrás de esto hay una facturación millonaria que no debería cuestionarse. En Argentina hay 25 millones de hectáreas con cultivos genéticamente modificados, en los que se aplican 300 millones de litros de agrotóxicos. Carrasco, con su estudio, dijo: “Cuidado con lo que se está aplicando porque no es tan inocuo ni benigno como está clasificado”.
En segundo lugar, lo que hizo fue dar a conocer públicamente los resultados de su investigación antes de publicar en una revista científica. Eso les sirvió a muchas personas como argumento para poder refutar y decir que no era científico su hallazgo, porque no está publicado. Siendo un ex presidente de Conicet, conocía muy bien los pasos que debe seguir una publicación para que sea validada; él decía que la sociedad debía conocer antes sus resultados al ser un problema de salud colectiva…, después, en 2010, lo publicó en “Chemical Research in Toxicology” y siguieron desacreditándolo. En el mes de junio de 2014, la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Rosario aprobó por unanimidad y aclamación el proyecto que instituye el 16 de junio como “Día de la Ciencia digna” en honor al científico Andrés Carrasco, fallecido el 10 de mayo de 2014, basado en su compromiso y coherencia en defensa de una verdad ya inocultable.

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