miércoles, 6 de enero de 2016

Jorge Altamira anduvo por la Universidad de Harvard

“(…) nosotros somos antiestatistas. Y esto es interesante porque todo el mundo piensa ‘si son de izquierda, son estatistas’. No. La izquierda o el marxismo tienen por finalidad la abolición del Estado. Somos más liberales que los liberales norteamericanos.”
¿quién podría ser más liberal que los liberales yanquis? ¿Quién, en todo el arco político, podría desear más que la derecha liberal de los EE.UU. la destrucción del Estado nacional? Solo hay en el mercado dos corrientes que expresen dicha ideología: el anarcocapitalismo, por una parte, y por otra el neoliberalismo.El anarcocapitalista no suele participar en el juego democrático político más que de una manera marginal y, en algunos casos, oscura. Altamira y sus secuaces son en realidad neoliberales porque persiguen un Estado mínimo, un Estado que conserve apenas sus fuerzas de manutención del orden y de la propiedad privada, es decir, los aparatos de policía, y nada más. Todo lo demás, para los trotskistas, debería regularse por la “mano invisible” del mercado.¿Por qué quieren eso? Porque para el trotskismo la revolución solo es posible si es un acto desesperado, si es un manotazo de ahogado. El “cuanto peor, mejor”. Esa “izquierda boba del todo o nada” piensa que en un régimen neoliberal extremo, de total polarización de clases (una pequeña mayoría concentrando toda la riqueza y todos los demás en la más absoluta miseria), el pueblo, muerto de hambre, desesperado y sin nada que perder, se levantaría heroicamente y haría la revolución redentora de manera espontánea.Así es como, finalmente, la “extrema izquierda” empalma en el arco político con la extrema derecha: ambas tienen por objetivo el fracaso de las clases populares.
Fuente:http://www.labatallacultural.org/2015/04/el-empleado-de-la-cia.html

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