La corrupción “no es un acto sino una condición, un estado personal en el cual uno se acostumbra a vivir. El corrupto está tan cerrado y satisfecho de su autosuficiencia, que no permite que nada ni nadie lo ponga en discusión”, “el corrupto es aquel que se indigna porque le roban el portafolio y se lamenta por la falta de seguridad que hay en las calles, pero después estafa al Estado evadiendo los impuestos, o tal vez licencia a sus empleados cada tres meses para evitar asumirlos por tiempo indeterminado o explota el trabajo negro y luego se enorgullece de sus avivadas con sus amigos”. El corrupto “ha construido su autoestima sobre actitudes estafadoras, pasa la vida buscando los caminos más cortos que le da el oportunismo, a costa incluso de la propia dignidad y la de los demás. El corrupto siempre tiene cara para decir ‘Yo no fui’. Una cara que mi abuela llamaba ‘cara de santito’. Y más adelanta agrega: el corrupto, a diferencia del simple pecador que pide perdón, “peca y no se arrepiente, peca y finge ser cristiano (...) El corrupto no conoce la humildad, no cree que tiene necesidad de ayuda, conduce una doble vida (...) No hay que aceptar el estado de corrupción como si fuera un pecado más (...) El corrupto esconde lo que considera su verdadero tesoro, lo que lo hace esclavo, y disfraza su vicio con la buena educación, tratando de salvar siempre las apariencias”, dice Francisco.
Si queres ser parte de la solución, aporta tu granito, pregúntate ¿Sos un corrupto?
Fuente:http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-290007-2016-01-11.html
No hay comentarios.:
Publicar un comentario