miércoles, 22 de octubre de 2014

El peligro de votar "por LA CARA"

“La simpatía es muy frecuentemente un prejuicio sentimental basado en la idea de que la cara es el espejo del alma. Por desgracia, la cara es casi siempre una careta” Y eso es exactamente lo que propone una investigación que se publica en el último número de Trends in Cognitive Sciences. Y advierte de las consecuencias que puede tener. Aunque nos gustaría pensar que nuestros juicios y decisiones son racionales, imparciales, consistentes y basadas únicamente en la información pertinente, la verdad es que a menudo están sesgadas por factores superficiales e irrelevantes, aseguran los autores del trabajo. En los últimos años se ha demostrado que las personas asocian rasgos faciales específicos con la personalidad de un individuo. Por ejemplo, evaluamos constante e inconscientemente las caras que tienen rasgos más femeninos o que parecen más felices como más dignas de confianza. Además pensamos que esos rasgos faciales van unidos a una mayor competencia, dominio y amabilidad. Esta es una tendencia humana preocupante que hay que corregir, o al menos mitigar, porque las caras no son predictores válidos de los rasgos de una persona, advierte el autor principal de la investigación, Christopher Olivola, de la Universidad Carnegie Mellon. Una tendencia que sesga nuestras decisiones, que se ven influidas por lo que lo psicólogos llaman el efecto halo. Como han demostrado numerosos estudios, formamos impresiones de líderes basado en su apariencia facial y también escogemos así a nuestros amigos e incluso nuestra pareja. Se sabe, por ejemplo, que los candidatos políticos con caras agradables son más propensos a ganar las elecciones que los que tienen un aspecto más incompetente. De la misma forma un rostro con aspecto dominante es predictor de alcanzar un rango alto en el ejército. Y es que de esas decisiones basadas en la primera impresión depende nuestro éxito en la vida. Y esas falsas atribuciones sesgadas por la apariencia pueden acarrear graves consecuencias en el sistema jurídico y el ámbito financiero. También se sabe que somos más propensos a condenar a personas cuyos rostros se nos antojan poco fiables o culpables, mientras que tener una cara que parece digno de confianza fortalece la capacidad de un individuo para atraer inversiones financieras y préstamos. Para combatir este sesgo provocado por los rasgos faciales, que analiza ahora este trabajo de la Carnegie Mellon, lo mejor es seguir el dicho: las apariencias engañan. Se impone, aseguran los autores, investigar los méritos de los líderes a los que pretendemos votar, para no tener luego que “botarlos”. En definitiva, hay que tener en cuenta que nuestro éxito y bienestar, como individuos y como sociedades, depende de nuestra capacidad para tomar sabias decisiones sobre cuestiones interpersonales como los líderes que elegimos, para que luego no nos den lo que no nos merecemos, y las personas en las que hemos decidido confiar.
Fuente: http://www.abc.es/ciencia/20141022/abci-engano-votar-cara-201410211808.html

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